La infrafinanciación y el día de la marmota.

César Nebot. Miembro de Pluralia.

En los cines de verano con doble sesión, los espectadores suelen aguantar con ilusión la primera de las películas pero luego, con la incomodidad de los duros asientos y, una vez satisfecha en parte la necesidad fílmica, acaban claudicando para el segundo pase.

Tras la tragicomedia del reto soberanista titulada “El procés en busca del cupo perdido”, nos llega el segundo pase: el drama-suspense del sistema de financiación autonómica. Con toda la atención que ha acaparado la superproducción separatista corremos el peligro de dormitar en este pase, contentarnos con un pobre tráiler y no enterarnos mucho de la película.

¿Y de qué va la que se nos viene encima? Pues es una de suspense. Hay un crimen, el cuerpo inerte de nuestra infrafinanciación autonómica reclama una actualización del sistema. Para ello, en junio desde Pluralia emitimos un informe e impulsamos un foro de análisis con la colaboración de César Cantalapiedra de AFI y Fernando I. Sánchez de la Universidad de Murcia, uno de los autores del brillante estudio del CES sobre Financiación Autonómica. Según las balanzas fiscales publicadas por el Ministerio de Hacienda somos la segunda Comunidad Autónoma peor financiada con una diferencia respecto de la media española de unos 100 euros por habitante de población ajustada.

En esta película, el detective protagonista debe seguir las pistas para descubrir a los culpables del crimen. Tomando declaraciones a los testigos, se ofrece de forma obstinada una pista: el culpable es ZP con su reforma del 2009. Sin embargo, las evidencias muestran que esa reforma corregía en parte la infrafinanciación en favor de la Región sólo los primeros años. ZP era culpable de hacer remiendos y complicaciones en el sistema para contentar nacionalistas, sin solucionar nada y provocando arbitrariedad pero no del crimen. Otra pista con repetición Goebbeliana es achacar a que el sistema del 2009 no computa bien la población, pero los ajustes de los expertos la corrigen en 35 000 personas, cifra que difícilmente justificaría la supuesta infrafinanciación de 250 millones anuales. Pero entonces, ¿quién mató a nuestra financiación? Nuestro intrépido detective descubre más pistas.

En primer lugar, hubo un problema que arrastraba la víctima desde el inicio: se transfirieron las competencias a coste de servicio y claro, para poder desarrollar la competencia, eso no nos dejaba mucha holgura. Necesitábamos partir de más dinero y no fuimos lo suficientemente astutos, como otras CCAA, para verlo. A esto se le suma la cláusula de status quo por la que las variaciones del sistema no pueden perjudicar a ninguna CCAA. Es decir, si te equivocaste al principio y necesitas más dinero, no lo puedes conseguir porque no les puedes exigir a los demás que rebajen sus fondos. Tocado.

La víctima llegaba a la reforma del sistema del 2009 con una cardiopatía de fondo;  pero el toque de gracia sucedió cuando al elaborar el nuevo sistema, las cifras ofrecidas de la CARM evaluaban los ingresos fiscales en pleno boom (año 2007) y, por lo tanto, daban una imagen de capacidad fiscal de la Región de Murcia distorsionada con ingresos coyunturales, incompatible con la penosa imagen de los ingresos del 2009.  Amenazados por la crisis, aparentamos disponer de dinero a espuertas para cubrir nuestras necesidades cuando no era cierto. Con el estallido de la burbuja, nuestros ingresos fiscales se desmoronaron, nuestras necesidades crecieron y las transferencias del sistema fueron insuficientes. Tocado y hundido. En diez años pasamos de una deuda pública de 648 millones a 8681 millones. Y esa losa es la que acabó por enterrar a la víctima del crimen. Y sí, uno de los asesinos principales fue el propio mayordomo.

¿Y ahora qué? Toca que el mayordomo se ponga las pilas para ayudar en la recuperación de la víctima. Aquí unas ideas. Desde Pluralia proponemos reclamar un sistema más transparente, menos arbitrario y que reestime la suficiencia de las necesidades de gasto referenciadas a periodos de estabilidad para evitar la distorsión en la capacidad fiscal que tanto nos dañó. Además, de cara a alcanzar convergencia en la financiación respecto de la media, se precisa habilitar una excepción transitoria de la cláusula de statu quo para poder reiniciar el sistema. Todo esto, sin perjuicio de readecuar las medidas de población ajustada que apuntan los expertos. Finalmente, como la infrafinanciación ha propiciado parte del crecimiento de la deuda, proponemos, con objeto de reiniciar a la víctima, solicitar la mutualización estrictamente de aquella parte relacionada con la infrafinanciación acumulada durante los últimos diez años, lo que rondaría entre 2500 y 3000 millones de euros.

En la negociación del próximo sistema de financiación autonómica, consideramos necesarios como mínimo poner sobre la mesa estos puntos y establecer una buena estrategia. Un error acabaría de enterrar a la víctima y, entonces, nos descubriríamos en el día de la marmota mientras vemos a Bill Murray en la película de ese segundo pase: “Atrapado en el tiempo”.